lunes, 25 de febrero de 2008

Me conozco poco y me sorprendo muchas veces...

Este es un ejercicio práctico para Consol, vamos, deberes.
Así que póngase usted las pilas paloma y empecemos a volar, entrega usted en tres días sin retrasos en su blog habitual, o le pongo 7 ceros (¿te suena?).

Hagamos un ejercicio práctico de sentimientos que no son propios...pongámonos en la piel de otros, sintamos lo que debió pensar el infiel ante la puerta que se abría ante él...ante el artificio, ante la fascinación… tal y como hacemos en las cenas en las que te veo contenta, habladora, inteligente, reflexiva, apasionada, clara, sonriente...

Algo en mi se desbarató aquella noche, sin querer.
No hubo búsqueda pero si hubo encuentro, tantas veces me había mirado sin verme, tantas veces la había visto sin mirar.
Cuando conseguí darme cuenta de que era lo que yo me comía con la vista, ya era tarde, para dejar de mirar, para echarme atrás.
No sé de dónde me nació el valor, como ahora no sé de dónde surge este subterráneo conato de Adiós.

Me conozco poco y me sorprendo muchas veces.


Pero ocurrió, vete tú a saber porqué, nuestras miradas no sólo se encontraron… se desafiaron, precipitándose a zonas confiadas, allí dónde nadie había entrado hacía años..
Como algo natural, tentamos nuestras pieles, tal vez con la idea de que, tras cada mimo, estuviera esperándonos el destino mismo.
Trasteamos con nuestras manos lo que nadie nos había enseñado antes, perseguimos afanes no aprendidos, y el tiempo se escurrió entre las sábanas desde nuestro empeño a nuestra realidad, y sólo así se mostró, lo que entre los dos habíamos inventado, se exhibía nítido ante nosotros.

No teníamos nada.

Y la anterior vida quedó detenida, en un impás eterno, esperando la vuelta a la cordura, esperando el retorno imposible de la cotidianeidad.

Ya no sé en qué lugar se quedó mi sonrisa cuando me fui de aquella batalla.
Supongo que en la misma cajita azul donde está escondida nuestra historia de egolatría.
Donde sigue el lunar rozado hasta la furia.
Donde la perfidia.
Donde sigue el halago vano.
Donde el olvido.

En la misma cajita que guardo los desprecios de mi mujer cuando me mira como a un ingrato. Sin embargo soy un traidor doliente.

Yo creía que no teníamos nada y he acabado por no tenerlo.

4 comentarios:

Consol dijo...

Intentaré que no me pongas siete ceros, pero no te prometo nada. Sólo prometo seguir llevándote en mi corazón

Consol dijo...

Yo creía que tenía mucho y de pronto no tengo nada

Blanca dijo...

Yo creía que no tenía nada y lo tiré todo.


Después de la cuarta cerveza uno no es responsable de sus actos.

Después de la 3º deberían incapacitarnos para tomar cualquier decisión.
Si yo fuese Dios a la 3º mandaría un rayo y dejaría al individuo completamente paralizado hasta que le volviera la cordura.

Pero que aburrida sería la vida sin estos toques de locura repentina.

Yo creo que hay gente que nace con un gen que lo predispone para la alegría y el optimismo y a mí me tocó.

Nunca, ni aún enferma consigo mantener una profunda tristeza más de dos o tres horas seguidas.
Enseguida transformo la pena en sueños y maquinaciones absurdas. No consigo centrarme en ella.

El Devis dirá que es inconsciencia o falta de alguna sustancia química en mi cerebro pero da igual.
A mí me gusta como soy.

Consol, no te tomes la vida tan en serio. Hay muchas clases de amor, lo importante es que te quieran.y a tí te quieren todos , todos es todos.

Suéltate un poco la melena y relajate,la vida no es an complicada como tu te imaginas.

Republica dijo...

Nena, que yo a la tercera cerveza mejoro mucho...
La putada es no saber lo que tienes, pero aún sabiéndolo, hay quién se arriesga a perderlo y te aseguro que la culpa no la tiene la cuarta cerveza...