martes, 10 de junio de 2008

Borra de café ...2/3


Las retinas opacas (vitrificadas).
Un grito seco (un epitafio).
Una frase para adentro (una plegaria).
Y su cuerpo enmohecido (y en cruz) ofrendándose a la oscuridad de esa tumba acorde al tamaño de sus culpas.



Cautivo para siempre, él que había sido ligero, como la brisa,…anclado para siempre a su propia estupidez; lo único que vagabundeaba todavía era lo que él creía su conciencia, millones de neuronas muriendo precipitadas, despavoridas.

Ellas y las últimas notas de su grito lápida, retumbando en eco en la caverna última…

Y así quedó como una semilla negra en el fondo de aquel volcán, penando por el terrible pecado cometido…querer zafarse de su propia imbecilidad.

1 comentario:

Martín Aon dijo...

Estoy sorprendido, ciertamente.
Gracias República.