martes, 1 de julio de 2008

Princesa de mi soledad


Proserpina reparte besos a las furias, mientras sentada en los escalones de casa ve cómo se acerca Plutón, sin prisas, arrancando hierbas aquí y allá y quitándole importancia a la dejadez que arrastra el jardín desde hace semanas.


No hay excusa para ese desamparo, bien lo sabe ella, pero no es lo que más desea hacer…arreglar la primavera le recuerda que es primavera y no está en casa de su madre.


Ha desistido este año de todo lo que le aparte del averno, le necesitan y mucho y se somete sin arrepentirse, sin quejas.


Las furias se lo agradecen, Alecto, la mira y le agarra la mano sin querer soltarla, Megera la mira distante pero sin perderla de vista y Tisífone le arregla la ropa sobre sus pies…, todos saben del esfuerzo de Proserpina, hasta Plutón ha subido la tapa del piano y se ha puesto a cantar como si fuera víspera de fiesta.


Plutón canta con un coro que repite las fábulas de rastros perdidos y encontrados, y entona aquella vieja canción:“Los ángeles del cielo, prendados de tu pelo, patrullan por la ciudad, nunca sabrán que me partiste el corazón…¿Dónde estás?¿Dónde duermes, princesa de mi soledad?.¿Cuando vas a quererme?.¿Cuando vas a renunciar al sueño de tu libertad?.