domingo, 31 de enero de 2010

Mi E.G.B.


Con Elvira sólo estuve un año, tercero de EGB; no recuerdo ni su cara, estaban sucediendo demasiadas cosas en mi vida de niña de pueblo desplazada en la ciudad.

En cuarto me di de bruces con la realidad, la responsabilidad, con un maestro hombre, Juan.
Juan era tan grande que verle agacharse para entrar por la puerta de clase desencadenaba en mi el primer síntoma de pánico.

En quinto, la plana mayor del profesorado acudía a la nueva clase; ahora el temario me da risa cuando lo releo, sin embargo me pareció terrorífico leer aquello de Ciencias Naturales, ( ¿Había Ciencias Artificiales y no se daban?.)

Cuatro profesores se repartían las asignaturas y los cursos de quinto a octavo.

Me importaban un pimiento las clases, en esos cuatro años, fui la niña más "fuera del mundo" del mundo. Cuando la curiosidad me animaba a involucrarme más en un tema (daba igual que fuera de literatura o de historia) aparecían los controles de temario y ahí se hundía el pie que me mantenía apoyada al mundo; me bloqueaba, me hundía en mis reflexiones, en mis averiguaciones, en saber porqué no interesaba más saber rimar en endecasílabos que aprenderme de memoria " la luna en el mar riela, en la lona gime el viento".

Nunca coincidimos el temario y yo en intereses.

Nunca estudié como debiera haberlo hecho.

Aún así, mis notas no se resentían, no suspendía, pero...mi carácter sí sacaba ceros. Se resentía mi autoestima, mi opinión y mis intereses no eran los del mundo y eso era terrible a mis once años. La "cultura" contra mí. ¿Lo que me interesaba no era imprescindible?.

Mendel, si, Mendel y sus guisantes, ¿porqué nadie respondió a mis preguntas de cómo casaban esas leyes con un sacerdote, y se me hizo callar?.

No sabía explicarme y no me entendían.

No miraban más allá y yo sólo veía la luz a kilómetros.

Hoy me da igual llegar a transmitir mis opiniones a la gente, me da igual convencer, pero en aquellos años, advertir a D. Joaquín de que sus clases eran aburridas, transmitirle el hastío en el que nos sumía, era obligatorio.

Nunca me he aburrido tanto como en clase.

Estudiar no lo era tanto, dependiendo de la materia estudiaba más o menos, para disimular cuán lejos estaba mi mente de la realidad del aula, por eso mis notas no llegaban a ser trágicas.

Después, mi carácter se mezcló con mis hormonas y todo fue a peor. Sólo leía lo que no entraba a examen.
Mis libros de clase permanecían nuevos todo el año, los libros que cogía de los estantes de mis hermanas en cambio, terminaban subrayados, con las guardas desencoladas y los cortes sucios.
No sirvió de nada estudiar salvo cuando empecé a estudiar lo que quería.

No recuerdo con amargura esos años de colegio, más bien los tengo perdidos.

Sabía que valoraban lo que entendían. Los maestros adoraban a mis hermanas mayores con sus matrículas de honor y aborrecían lo que ellos llamaban mi "vagancia". Quién me conoce sabe que no lo soy, nunca lo he sido. Me aburría, me aburría tanto, pero tanto, tanto; no fueron capaces de divertirme mientras aprendía.

Por eso aprecio tanto a los profesores que me tienen en vilo tres cuartos de hora, en tensión mientras dura una clase.

Conseguían que me interesara sólo con la actitud que tomaran ellos, pero si ellos eran los primeros en aburrirse ¿qué esperaban de mi?.

Así hoy, hablo de religión católica e historia, no por los conocimientos que aprendí de quinto a octavo, desde luego que he profundizado más y mucho a lo largo de los años, pero sin duda, el profesorado que tuve ejerció tanto poder sobre las materias y de cómo darlas que me dejó marcada.

Hoy soy capaz de discutir sobre el Concilio Vaticano Segundo con un cura párroco sin achicarme o hablar de la política de Sarko con un parisino, pero no recuerdo las partes de una flor, ni la raíz cuadrada de 124, ni la primera ley de la termodinámica, ni cuál es el presente de subjuntivo del verbo "aller"; pero es que ninguno de mis maestros de ciencias, matemáticas y francés se llamaban Erne Agulló.

3 comentarios:

Blanca dijo...

Cariño y eso que no podía .
Iba siempre haciendo equilibrios sobre una cuerda floja y hoy me avergüenzo. Me da vergüanza no haber sido capaz de decir adios y buscar mi sitio.

Estaba siempre nerviosa y asustada.Soñaba con irme y al dia siguiente seguía atada a todo aquello que no quería trasmitir.

No me gusta psicoanalizarme pero , a ratos, intento buscar una razón para tanta sumisión y tanto miedo.

Lo intento para poder sentirme un poco mejor conmigo misma.
Pero como dice Gonzalo " Es lo que hay" y no hay más.

Recuerdo que con la Religión que me obligaron a dar me hice un propósito: " Nada de disimulos como hacen los obispos en los libros que nos dan, el dogma puro y duro y que salga lo que Dios quiera. Pensaba: "no hay otra manera de hacerlos a todos ateos."

Pasaron los años , me hice adulta y perdí el `puto miedo. Empecé con ilusión y ... pues me quitaron todas las clases. Estuve años con cuatro o cinco niños de los que llaman especiales.

Se creó un lazo de cariño tan grande entre ellos y yo que no creo que se rompa nunca.

Luego me pidieron por favor que cogiera el valenciano y dejé de hacer controles, les enseñé a hablaR , a cantar, a escuchar música, a bailar, a relajarse, fueron los últimos años, ya no me podían echar.

Al menos me siento mejor , si no me hubiese atrevido hubiera acabado en un psiquiatra.

Es la 1º vez que hablo de esto en público.

Es que me haces hablar-

Gracias-

Republica dijo...

"no hay otra manera de hacerlos a todos ateos."

Por fín alguién me dá la razón...o porqué crees que Ro va a Maristas...es la única manera de hacerle ateo...ajajajajaj...

Yo soy la prueba.

Lo importante ..que hemos salido vencedores, seguro, por eso estamos contándolo. Ellos no se atreven.

Besos.

amparo dijo...

jejje, ai qué careta més guapeta... Veig que el teu fill se te pareix.

Be, la meva E.G.B. va ser prou diferent a la teva.
Aprendre el que es diu aprendre, poca cosa, per no dir res, ara be, recorde eixa època amb molta nostàlgia, perquè vaig ser molt feliç.

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